Resolución de problemas

La vida es un proceso de solución de problemas. Tener problemas es algo natural e inevitable y además esta es una cuestión que al aceptarla de forma positiva nos ahorraremos mucho tiempo y “veneno emocional” que suele ir  envasado con forma de quejas, excusas, preocupación, culpa, agobio o tristeza… Algunas personas piensan de forma inconsciente que “dejar los problemas para mañana” es lo más fácil; sin embargo, esto es irrealista ya que los problemas no desaparecerán por sí solos, sino que como mínimo continuarán existiendo hasta ser tratados y lo más probable es que empeorarán las consecuencias de no haberlos tratado a corto plazo.

“Responder a nuestros problemas de forma activa en el día a día nos ahorra en realidad grandes cantidades de tiempo y emociones negativas que podrían afectarnos a más largo plazo.”

La solución, integración y aceptación efectiva de problemas nos ayuda a eliminar el conflicto de nuestra vida subjetiva y por lo tanto nos ayuda a establecer la armonía y coherencia en nuestros ritmos y circunstancias y nos hace elicitar sensaciones de seguridad y control que aumentan nuestra autoestima y percepción de autoeficacia. 

Es importante tener en cuenta que el proceso de solución de problemas suele ser mediante intentos y proceso de ensayo y error y por tanto; no debemos desanimarnos, enfurecernos o castigarnos al cometer un error porque en el fondo es un avance hacia el “cómo no solucionar el problema” un paso más que nos acercará a la solución de “cómo sí solucionar el problema”.

Es posible que nos hayamos encontrado con problemas tan difíciles y tan dañinos que nos hayan hecho pensar que no tienen solución. Cuando pensamos esto, solemos recrearnos en cosas como: ¡Qué desgracia! ¡Esto no es justo! ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?… Al pensar esto nos sentimos todavía peor, nos recreamos en el pasado y sentimos que somos víctimas de una terrible injusticia o nos vienen sentimientos de culpabilidad y otros autocastigos que son de bastante poca utilidad práctica ya que pensar así no nos ayuda a sentirnos bien ni a resolver el problema sino que hace que nos sintamos todavía peor y sea aún más difícil resolver el problema en el futuro.

                                           

También podemos haber pensado que ya lo hemos intentado y no hay solución; pero lo cierto es que si un problema no tiene solución no es un problema, sino un hecho que tendremos que aceptar; aunque en la mayoría de los casos, los problemas tienen soluciones que aún no hemos encontrado.

Otras veces podemos pensar que el problema no tiene solución porque depende del cambio de otra persona en este caso el problema no sería la otra persona” sino “lo que yo siento cuando la otra persona hace o no hace lo que yo quiero” y esto sí que tiene solución; puesto que lo único que yo puedo controlar son mis conductas y mis reacciones a mis emociones. 

La resolución de problemas se divide en una serie de pasos, que si bien no siempre es necesaria la aplicación de todos los pasos en todos los casos, sí lo es cuando nos enfrentamos ante uno de esos problemas que yo llamo “Problemas Bucles” porque nos hacen penetrar en una especie de “bucle” cada vez más profundo y más repetitivo.

“A veces con simples pasos muy sencillos podremos salir de esos bucles y ver más claramente algunas posibles soluciones para nuestros problemas. “

El primer paso podría ser escribir en una hoja cual es el objetivo real que yo persigo dentro de esta situación; preguntarme ¿De qué otra forma podría ver este problema? En ocasiones escribir la simple definición del problema nos hace sacarlo de nuestra cabeza y buscar formas más objetivas de situarnos ante la situación y los pasos a seguir para encontrar diferentes resultados. Supongo que muchos conoceréis la famosa técnica de realizar listas con las ventajas y desventajas de nuestras decisiones pero personalmente me sirve más detallar con números la cantidad de “energía emocional y personal” que me supone cada opción, otra columna para los recursos que necesitaré en esa solución y otra lista enumerando las personas que me pueden ayudar a llevar a cabo cada una de las posibles soluciones. También es un buen ejercicio pensar en situaciones parecidas que nos ocurrieron en el pasado y cómo actuamos entonces para poder aprender; ya que dependiendo de nuestra personalidad encontramos determinadas resistencias que tendrán tendencia a repetirse hasta que lleguemos a afrontarlas de forma adecuada. 

Otro buen ejercicio es determinar las situaciones que rodean al problema para poder prevenirlas y manejarlas; a veces manejar el ambiente en el que ocurren las situaciones puede ser lo más efectivo ante problemas complicados o simplemente ante problemas sencillos que todavía nos resultan complicados; por ejemplo, recuerdo un paciente al que le costaba despedirse de las personas y cortar conversaciones y al final perdía mucho tiempo, por lo que le propuse que cada vez que quedase con esas personas “absorvedoras de tiempo” lo hiciese en horarios en los que después tuviera otra cita importante o que simplemente se colocase una alarma en el teléfono a la hora que decidiera marcharse a la vez estuvimos trabajando técnicas de asertividad para expresar de forma adecuada sus deseos de marcharse y finalmente pudo aprender a ponerse límites y a poner límites a los demás. En conclusión definir nuestro problema, examinar las situaciones que los rodean, hacer “lluvia de ideas” sobre las alternativas posibles, evaluar las posibles soluciones y sus costes tanto a largo como a corto plazo, son ejercicios muy positivos y efectivos porque además nos posicionan para la acción.

Personalmente creo que lo que más nos puede ayudar es tomar conciencia de que son nuestros pensamientos las que crean la mayoría de los problemas. Por ejemplo hay personas que mantienen conductas como “picar” entre comidas, porque en el fondo piensan cosas positivas que refuerzan esa conducta. Tomar conciencia de que son nuestras reacciones ante las situaciones y nuestros juicios sobre las personas implicadas las que especialmente podemos modificar en la mayoría de los casos y que a veces; como en las partidas de ajedrez, no importa que a veces tengamos que sacrificar algunas piezas, lo que marca la diferencia en el resultado final es cómo, por qué  y cuando nosotros respondemos en cada paso para conseguir un fin último en un determinado tiempo y con una experiencia determinada. Como un buen amigo me dijo un día “hiciste lo que pudiste con las herramientas que tenías en aquel momento”

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