Infantil

La terapia psicológica infantil tiene elementos distintivos en relación a aquella que se realiza con adolescentes o adultos. Si bien el modo de realizarse es aparentemente distinto, los objetivos son muy similares: el bienestar psicológico y emocional del pequeño.

Cuando un miembro de la familia está pasando por momentos difíciles, es muy probable que su familia inmediata también lo padezca. Al trabajar individualmente se logrará también un efecto en la familia, y al trabajar con la familia se logrará también un efecto en el individuo.

Podemos tratar trastornos en el desarrollo, problemas de la atención y el aprendizaje, bloqueos emocionales, miedos y pesadillas, dificultades de adaptación, cambios familiares, acompañamiento en el proceso de duelo, problemas de conducta y control de impulsos, trastornos de la alimentación, quejas somáticas, ansiedad, depresión, estrés postraumático, retraimiento y problemas en la relación con otros, dificultades en la expresión psicomotora, tics nerviosos, evaluación del funcionamiento global.

De igual manera que con los adultos, tras unas sesiones de evaluación, en las que se pretende detectar el o los problemas que pueda tener el niño, ya sean de desarrollo, de aprendizaje, la necesidad de una estimulación cognitiva o una psicoeducación para prevenir y mejorar problemas de aprendizaje (lectoescritura o de concentración,  se acuerdan con el menor unas metas y objetivos terapéuticos a trabajar con él en las sesiones. Estas metas se comparten con los responsables del niño.

Puede haber objetivos y metas que requieran el trabajo conjunto con el niño  y los padres (cuidadores) e incluso es posible que las sesiones de trabajo se planteen exclusivamente con los padres o cuidadores sin que sea necesario tratar al niño.

En cualquier caso, en el trabajo con menores, la participación y colaboración de los padres o cuidadores es fundamental.